Historia de los coches fúnebres

Este tipo de vehículos por las ventajas que han aportado a este sector durante toda su historia. En sus inicios, el vehículo fúnebre era tirado por caballos, transportando también a los familiares y volviéndose muy populares en toda Europa.

En la historia de los servicios funerarios, el vehículo que se utiliza para trasladar al difunto ha cobrado, con el paso de los años, mucha importancia. 


La características más significativa de este tipo de coche es la longitud de su parte trasera. Es más larga que la de un turismo común, ya que debe acoger con holgura el ataúd.

Hoy en día se sigue utilizando este tipo de vehículos por las ventajas que han aportado a este sector durante toda su historia. En sus inicios, el vehículo fúnebre era tirado por caballos, transportando también a los familiares y volviéndose muy populares en toda Europa.

Desde la prohibición de enterrar a los difuntos dentro del área de las ciudades, los cementerios en el siglo XVIII se construyeron en las afueras de la ciudad. Así pues, el largo trayecto y el cuidado del ataúd provocaron la creación y la buena valoración del coche fúnebre.

Después de la Segunda Guerra Mundial y tras la invención de la máquina de combustión interna y el primer automóvil, se empezó a utilizar un vehículo con un estilo mucho más sobrio que reemplazaría poco a poco el coche de caballos, hasta convertirse en el tipo de coche, tipo limusina, que conocemos en la actualidad.

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